Emmanuel Mounier
Considera a la persona como autónomo y subsistente pero sin
dejar de lado que es esencialmente un ser social. Como su nombre lo dice, el
centro de esta ideología es la persona, concebida como un ser unitario y
absoluto que concentra su estructura en la vocación, encarnación y comunión; al
mismo tiempo que afirma la dualidad de la persona (cuerpo y espíritu)
considerando la espiritualidad como parte fundamental de su subsistencia e
independencia.
Mounier
consideraba que existen tres claves fundamentales como base del desarrollo del
hombre y las denomino dimensiones de la persona. Estas denominaciones son la
VOCACIÓN, ENCARNACIÓN y COMUNIÓN. Cada una de estas dimensiones de la persona considera
la integralidad de la persona, su donación a otros y orientación a un fin para
lograr un actuar coherente
La relación entre educación y el personalismo se basa en “Una
pedagogía cuyo espíritu va orientado a cada una de las personas sobre las que
incide, para que se realice como tal, es decir, que alcance el máximo de
iniciativa, de responsabilidades y vida espiritual, es un compromiso
responsable y libre con los hombres de la comunidad social en la que se
desarrolla” (E. Faure)
Soren Kierkegaard
En Copenhague, en 1844 el pensador cristiano Søren Kierkegaard escribe El
concepto de la angustia, obra que subtitula como Una sencilla investigación
psicológica girada entorno hacia el problema dogmático del pecado original.
Kierkegaard pretendía moverse entre la Psicología y la Dogmática pero, a pesar
de su definido propósito, incursionó – como no podía ser de otra manera –en el
campo filosófico para brindarnos una valiosa versión sobre el ser humano. Ello
era inevitable pues el supuesto del pecado es la libertad.
Para el
pensador danés la libertad se aprehende en la angustia, a la que refiere como
“el vértigo de la libertad”. Ella surge cuando al querer el espíritu poner la
síntesis, la libertad fija la vista en el abismo de su propia posibilidad y
echa mano a la finitud para sostenerse. Y, más adelante, al afirmar “que cuando
más hondamente se angustia tanto más grande es el hombre” precisa que no hay
que considerar a la angustia “en el sentido en que los hombres en general la
toman, refiriendo la angustia a algo externo que se acerca desde fuera, sino en
el sentido de que el hombre mismo produce angustia." Heidegger, Sartre y otros pensadores, casi un siglo después, retomarían en
este punto la ruta desbrozada por Kierkegaard.
Jacques Maritain
Maritain es considerado generalmente como uno
de los representantes contemporáneos del tomismo y personalismo comunitario,
pues fue el primero que desarrollo técnicamente algunos temas personalistas,
además de inventar parte de la terminología e influir de este modo en Emmanuel Mounier, y éste es sin duda la fuente principal de su pensamiento; pero
también debe decirse que el pensamiento filosófico de Maritain tiene una
predominante vertiente antropológica que luego se proyecta a la ética y a la
filosofía política. Por ello, si el tomismo es la fuente, no es el caudal:
Maritain parte del tomismo pero avanza decididamente por sendas que Tomás de Aquino no recorrió, como las anteriormente señaladas.
El
cultivo del hombre culmina en la dimensión religiosa, en la apertura a Dios, la
radical indigencia originaria de la existencia humana sólo puede ser completada
por Dios. Tal es el sentido su humanismo integral, título
de uno de sus más difundidos libros y posiblemente el nombre más adecuado y más
fiel para la filosofía de Maritain, que no es una teología particular, sino una
antropología filosófica, pues "desde el punto de vista filosófico la
noción principal sobre la que nos importa insistir aquí es la noción de
persona. El hombre es una persona que se gobierna a sí misma por su
inteligencia y su voluntad. El hombre no existe simplemente como ser físico.
Posee en sí una existencia más rica y más noble, la sobre existencia espiritual
propia del conocimiento y del amor".
Maurice Nedoncelle
Nédoncelle
ocupa un lugar aparte en el grupo de los personalistas. Profesa sinceramente el
personalismo, en cuanto que declara que la persona es algo fundamental en la
realidad o en las estructuras del mundo, y ha dedicado sus esfuerzos al
análisis de la intimidad psíquica del ser personal y de las relaciones
interpersonales. Pero ha negado la dimensión socio-política que Mounier y los
suyos atribuyeron a la persona como principio de la revolución de las
estructuras de la sociedad. En respuesta a algunas preguntas, declara ser
“animal apolítico” que se ha mantenido siempre al margen de la política y de todo
partido. En definitiva, la filosofía personalista no está enlazada
esencialmente “con corolarios sociales y políticos”. Es por lo que Nédoncelle
figura como teórico de esta corriente, y, siguiendo a Lacroix, se le designa
como el “metafísico del personalismo”.
Nédoncelle
no trata de explayar una metafísica de la persona en sentido estricto, pues su
interés ha sido “el estudio fenomenológico y filosófico de la persona”,
entendiendo esto último como reflexión filosófica en general, que a veces
implica problemas metafísicos. El fondo metafísico que subyace a sus análisis
es el de la filosofía cristiana, recibida en su formación filosófico-teológica
del seminario. A estos supuestos de la filosofía se atiene, mas no los expone
de manera explícita.
Gabriel Marcel
Marcel es
considerado como filósofo personalista, sobre todo por que insistió en la
revaloración de la realidad personal de cada hombre. Por eso dedicado a
estudiar de manera especial a la persona elaboró una serie de categorías que
reflejan la espiritualidad y el mundo interior de los hombres, como la
disponibilidad, la responsabilidad, el compromiso, la apertura, respuesta,
llamada, encuentro… y afirma que estas realidades están impregnadas en la
persona por la libertad, puesto que la persona se construye a si mis en el
camino de la vida en la libertad. Y en una de las categorías que dicho filósofo
se centro fue en la capacidad de recogimiento que hay en la persona, la
capacidad que la persona tiene de penetrar en su interior y así poder
trascender. Por último podemos decir que Marcel hace la diferencia que existe
entre el ser y tener, por eso criticaba al hombre contemporáneo por
preocuparse, sobre todo, por tener más, en vez de esforzarse por ser más. Ya
que esto lo único que hacia era agrandar su crisis de sentido, puesto que en
las cosas nunca se puede encontrar la plenitud existencial.

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